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Quizá la historia universal es la historia de unas cuantas metáforas.

Jorge Luis Borges

 

Si trabajamos bajo el supuesto o sugerencia que Borges en “La esfera de Pascal”, la historia de la literatura, el canon o corpus que compone el cuerpo de sus obras es en realidad la historia de algunas metáforas. Nada nuevo habría bajo el Sol. En la literatura sabemos e identificamos temáticas que tienen ya varias centurias de repetirse constantemente. Es su repetición la que revela de alguna manera una obsesión humana, una falta o una verdad. Así, por comentar algunos ejemplos, Sigmund Freud logra llamar su descubrimiento con el nombre de un mito; Cervantes abrirá un camino en el Quijote que retomará Madame Bovary, de Flaubert; la validez de estos relatos ha pasado ya lo puramente literario para nombrar algo que en el fondo podría ser común a cualquier humano. Diversas historias se repiten porque nombran una suerte de verdad: nos aterran, nos inquietan, nos encapsulan, nos definen. Sucede así cuando una cultura entra en crisis y necesita redefinirse o renacer. En este marco asistimos al nacimiento de una tradición literaria, aquella que es escrita por hombres y mujeres que han nacido en el limbo entre dos culturas.

Por su trascendencia, la obra de Sófocles ha permanecido vigente durante centurias. La tragedia que sacude la vida de Antígona ha sido el espejo donde se han visto miles de mujeres alrededor del mundo. El conflicto que se desarrolla en la obra bien podría ser común al género humano. Así lo parece decir las representaciones libres que de esta obra se han hecho en contextos no occidentales y mostrando historias no sólo de descolonización, sino de lucha fraterna entre pueblos que poco o nada tienen que ver con la cultura helénica. Esto lo leemos en el artículo “Antigone´s boat: the colonial and the postcolonial in Tegonni: an african Antigone by Femi Osofian”, escrito por Barbara Goff, quien dice

The character Antigone may also be seen to offer a version of colonial coercion, despite her usual identification with resistance. There are […] at least two versions of the postcolonial in Tegonni. One version concentrates on the internal conflicts within Nigerian society and lays the blame for Nigeria´s problemas not only at the feet of the colonizers, but of the indigenous people. The second version, centring on the figure of the boat on which Antigone arrives and later departs, suggests even more forcefully that the colonizers may be irrelevant. These aspects of the play are postcolonial not only in a broadly temporal sense but also in that they subvert the ideologies of colonialism by training their focus on relations among Africans rather than on relations between Africans and the occupying British. (114)

En este párrafo empezamos a ver una de las características que plantearemos para que el mito de Antígona se cumpla. Pero antes mencionaremos que también en las artes performativas la tragedia del ciclo de Tebas ha visto adaptaciones muy libres. Los conceptos archivo y repertorio acuñados por Diana Taylor aluden precisamente a la movilidad que pueda tener una obra dramática; mientras archivo es “los huesos” de una obra teatral, es decir, la estabilidad o estaticidad que pueda tener una obra, repertorio será la capacidad que tenga esta obra para “mutarse” o adaptarse a distintas representaciones. Estos conceptos son cercanos a nuestras propias ideas, ya que a través de su estudio The archive and the repertoire, Taylor hace una revisión del carácter opresivo que pueda significar una obra en archivo. W.B. Worhten, en su disección de la obra de Diana Taylor, hace un desglose muy pertinente de archivo y repertorio, siendo este último el que verdaderamente nos interesa. Para Worthen, “The repertoire materializes the process of transmission that produces both sense of what the text is, and what we might be capable of saying with and through it in/as performance.” (12) Es verdad, se está hablando de un texto teatral puesto en escena de una u otra manera. Lo que queremos resaltar es la movilidad que puede adquirir una obra dramática y que ésta puede servir para el apoyo tanto creativo como analítico de una obra estética literaria, ya que es la misma Taylor quien junto a Worthen, quienes señalan que “Antigone simultaneously exploits and betrays the archive´s ‘stable signifier’ through the unanticipated, creative, and resistant action of the repertoire…” (12) Lo que queremos decir es finalmente que el mito de Antígona puede ser el punto de arranque comenzar el análisis de obras que presentan ciertas características tanto literarias como históricas.

No sólo en representaciones teatrales. George Steiner da cuenta de diversos hechos históricos en los que han surgido “Antigonas”. Así, relata la masacre cometida por alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, quienes en una incursión al Peloponeso, mataron a todos los hombres de la aldea de Kalavrita, las mujeres del pueblo tuvieron que enterrar a sus hombres. Este hecho sirvió para que Charlotte Delbro escribiera “Des mille Antigones”, en 1973. Es precisamente en el libro de George Steiner que encontraremos el sustento para delinear una teoría pertinente para nuestro análisis. Su estudio Antigones: The Antigone Myth in Western Literature, Art, and Thought nos servirá como pretexto. Hay que decir que, aunque Steiner analiza el transcurso del mito en la tradición occidental, estos (el texto de Sófocles y el estudio de Steiner), no cierran sus puertas a otras tradiciones, como lo vimos anteriormente y como lo veremos en la lectura del presente trabajo. También será necesario decir que el de Steiner nos servirá únicamente para rescatar elementos que pueden o han sido comunes en distintas tradiciones y pensamientos, como la violencia hacia la mujer y su cuerpo, la muerte, la resistencia hacia un poder totalitario, etc.

En su libro, el filósofo judío nos da las dos claves para entender el mito de Antígona: “The conflict staged by Sophocles was of a timeless urgency. It dramatized clashes of private conscience and public welfare of a native and seriousness inseparable from the historical, social condition of man.” (5) Poco a poco empieza a resaltar el carácter del conflicto, y este es una irrupción de la esfera pública en al ámbito de lo privado. Precisamente, para Steiner, son las mujeres las que han soportado la carga entre la presencia cívica y los deberes privados durante milenios. Sólo en ciertos momentos la carga ha pasado de la mujer a eventos históricos de mayor magnitud, por ejemplo, la revolución francesa. Es decir, es necesario un momento histórico para que haya un desplazamiento de la frontera entre lo público y lo privado, en otras palabras, para que la ciudad entre en la casa u hogar. Separamos entonces estas dos características: la primera, un conflicto entre la “polis” y el “oikos”; la segunda, un momento histórico que exacerbe este conflicto.

Por esta razón Antígona se presta para este acercamiento, pues “In Antigone the dilectic of intimacy and of exposure, of the ‘housed’ and of the most public, is made explicit. The play turns on the enforced politics of the private spirit, on the necessary violence which political-social change visits on the unspeaking inwardness of being.” (11) En la obra teatral, Creonte hace las veces de la polis, cuyo “eco” es Ismene en el diálogo que abre la puesta; mientras que el oikos lo representa Antígona, quien a su vez hace eco del mandato de la sangre, las tradiciones y sus dioses. El conflicto se torna entonces interno y es precisamente aquí donde tiene pertinencia esta lectura. Las protagonistas de las novelas que pretendemos analizar tienen ante así una elección ya sea voluntaria o por la fuerza de las circunstancias. Esta dialéctica de la intimidad y de lo público encarna también en el recuento de algunas memorias, como veremos más adelante, pero éstas, por estar en la frontera entre lo literario y lo “veraz” o histórico, tendrán un tratamiento tangencial en la lectura el mito de Antígona, aunque no dejan de ser una ruptura entre lo puramente privado y lo público

Entonces veremos que  son dos son las características que tienen que cumplir los textos para que puedan ser analizados desde la perspectiva de Antígona: 1. Que haya un momento o contexto de conflicto histórico; 2. Que ese conflicto se decante en una problemática entre lo público (polis) y lo privado (oikos)  que bien pueden traducirse como la asimilación versus la tradición. Como trataré de comprobar, estas dos características se cumplen en Dreaming of Cuban y Caramelo. Estas características se comprueban de distintas maneras, o por decirlo de otra forma, se cumplen en arenas diferentes. La primera de ellas será, con mucha fuerza, a través de la boca, ya sea por el lenguaje o por la tradición culinaria. La segunda será entre las relaciones padres-hijos, cuyo conflicto tiene ramificaciones que exceden no sólo la problemática latina en Estados Unidos. Por último, aunque no menos importante, entre países; veremos la confrontación entre distintas formas de entender el espacio original y el que recibe. Entonces, la tesis que propongo es que en las novelas de escritoras latinas hay una reinterpretación o reformulación del mito de Antígona, reflejado como veremos en distintos momentos.

Es pertinente decir que las mujeres que están en una situación de desplazamiento son mujeres que cargan con un peso histórico muy distinto que el resto de las mujeres, esta historia es precisamente la de las diásporas que se han encarnecido durante el siglo XX. Estas mujeres están teniendo un papel relevante  en la fundación de una nueva identidad cultural y al mismo tiempo, muchas de ellas están echando por los suelos ideas anquilosadas, enquistadas en el machismo y la tradición patriarcal de sus países. En el fondo, no deja tampoco de ser este un conflicto entre lo público y lo privado. Nilda A Basalo afirma que “la tensión del conflicto que plantea se reactualiza en cada época, en cada país y, yo diría, en cada familia (hay) voces actuales en las palabras de Antígona y de su hermana: las mujeres que se rebelan, se animan a enfrentarse al poder patriarcal, al <<orden>> establecido, y aquellas que se someten al poder del que <<naturalmente>> es más fuerte y al que deben obedecer, como dice Ismene.” (20) Es decir, hay una forma de enunciar alguna verdad en las palabras de Sófocles. Entonces no sólo Creonte adopta la forma de la polis, sino también de la autoridad patriarcal.

Why a hundred Antigones after Sophocles? Se pregunta Steiner. No es que estas autores trabajen con un arquetipo, sino su literatura es una forma de cuestionar algunas decisiones. El mito de Antígona en este caso se centra en acto mismo de elegir. En este sentido la elección no es para nada simple: ser parte de la “polis” o no dejar el “oikos”, ser público o privado. No es que las autoras hayan escogido la estructura narrativa o dramática del relato, es el hecho mismo lo que nos obliga a pensar que hay una decisión inmanente en el seno de las mujeres latinas que las hace escoger finalmente entre la “polis” entendida ésta en nuestros días como una entidad o ente global y el “oikos”, entendido como un “locus” alejado de la ciudad “global” en sentido estricto, es decir, un espacio entre arcaico, antiguo y primigenio: una suerte de paraíso perdido. Antígona quiere conciliar los dos espacios y ese es el problema de muchos latinos en Estados Unidos. La cuestión es que tal pareciera que tomar una decisión, sea cual sea, los obliga a “morir enclaustrados” para uno o para otro grupo, ya sea que se asimilen o sean fieles a una tradición.

Dreaming in Cuban.

La novela de Cristina García tiene características que la hacen muy pertinente al análisis que quiero presentar. En ésta, una familia queda separada por causa de la revolución socialista cubana. Los personajes entonces se encuentran de alguna forma escindidos por dentro; por un lado tenemos a Lourdes, quien se va de la isla después de que fue violada, allí adopta el discurso de la “polis” global capitalista. Otro personaje que deserta es Jorge del Pino, su padre, quien por no ser enterrado bajo el suelo cubano se va obligado a errar como fantasma o “voz”, hasta que el equilibrio se reestablezca. Pilar es, en este caso, quien vive más fuerte el conflicto, pues su falta de lenguaje se traduce en una búsqueda estética que la lleva a buscar respuestas a Cuba, en ella el conflicto toma fuerza y se encarna. Celia, la madre de Lourdes y la abuela de Pilar, también vive escindida entre el discurso público, en este caso lealtad ante la ley cubana, y el discurso privado, que es el drama que vive tanto por su amor a Gustavo como en el paulatino derrumbe de su familia. Felicia tendrá otras características, peculiaridades que escapan por el momento al análisis planteado.

La novela empieza con Celia y el “reencuentro” con su marido una vez que ha muerto. Con ella empezaremos a desglosar el conflicto en su primera manifestación: el lenguaje. Sin embargo, un acontecimiento coloca la narración en un ámbito mitológico. Al saber muerto a su esposo, Celia sabe que su espíritu vagará pues “her husband will be buried in stiff, foreign earth. Because of this, their children and their grandchildren are nomads.” (7) Como si se tratara de una falta a los dioses o a sus tradiciones más antiguas, Celia más que lamentar la muerte de su marido, lamenta el duro suelo en que estará enterrado. Si bien ya trabaja como vigía para la revolución, es el discurso de la “polis” cubana el que la obliga a tomar una elección:

Celia hitchhikes to the Plaza de la Revolución, where El líder, wearing his costumary fatigues, is making a speech. Workers pack the square, cheering his words that echo and collide in midair. Celia makes a decision.  Ten years or twenty, whatever she has left, she will devote to El Líder, give herself to his revolution. Now that Jorge is dead, she will volunteer for every project –vaccination campaigns, tutoring, the microbrigades. (44, el subrayado es mío)

Si recordamos el discurso que Ismene da a Antígona una vez que ella le comunica sus ideas, las palabras variarán según el contexto, pero el sentido es el mismo. Tal como Ismene, Celia decide tomar parte de la Polis, es decir, le dará prioridad a lo público en vez de lo privado.  Hay que decir lo siguiente, el hecho de que compare a Ismene con Celia no es demeritar una sobre otra, todo lo contrario, es, como lo dijimos al principio, un estado de elección y como veremos después, tanto lo público como lo privado son categorías que se desplazan y cambian su sentido una a la otra, dependiendo de dónde se miren. En el discurso de la novela, a los que se van, se les llama traidores, gusanos, tal como sucede a Polineces. Creonte dice “a éste, heraldos he mandado que anuncien que en esta ciudad no se le honre, ni con tumbos ni con lágrimas.” (22) Celia escoge terminar sus días en el discurso de lo público. Incluso, más tarde en la novela, se volvería Juez de paz, impartiendo justicia y el equilibrio que finalmente quiere Creonte para Tebas. En lo que resta de la novela, Celia nombrará los beneficios de la revolución.

Otro momento en que el conflicto se presenta en el lenguaje es en las cartas. No sólo las cartas que Celia escribe a Gustavo y que nunca entrega, sino las que Pilar le escribe y las que el mismo Jorge le manda. En éstas hay vestigios de una identidad que se va perdiendo mientras los personajes van escogiendo sus afinidades. Pilar escribe cartas a su abuela, quien dice que su español se vuelve cada vez más estándar. Pilar está sorprendida de estas cartas, pues “You wouldn´t expect him to have such fine handwrtiting. They were romantic letters, too. He read one out loud to me. He called Abuela Celia his ‘dove in the desert’ […] Abuela Celia writes back to him every once in a while, but the letters are full of facts, about this meeting or that, nothing more.” (33) Sin embargo, con Gustavo nunca pierde su sentido de privacidad, sólo Pilar sabrá de estas cartas, como lo afirma en la última que escribe.

En un artículo publicado en la revista Helios, Sarah Iles Johnston habla de la otra opción de Antígona, más bien, el otro momento en que hace una elección y de la que no se habla nunca: la decisión de su muerte. Johnston afirma que tuvo en sus manos la alternativa de morirse de inanición o la que finalmente tomó, que fue la de ahorcarse. Su artículo menciona que para el público ateniense, ver muerta a una virgen, como lo era Antígona, causaba una impresión sumamente profunda. Con Lourdes este no es el caso, sin embargo la resolución que toma de irse de la isla y sus futuras acciones. La elección de Lourdes parece no ser tal, finalmente las circunstancias la obligan. Aún así, ella deja atrás su vida privada para entrar de lleno en la vida pública de la gran ciudad. Sin embargo, la herida quedará allí y el equilibrio se ha roto para siempre: “The other soldier held Lourdes down as his partner took knife from his holster. Carefully, he sliced Lourdes´s riding pants off her knees and tied them over her mouth. He cut through her blouse without dislodging a single button and slit her bra and panties in two. Then he placed the knife flat across her belly and raped her.” (71)  Es en ella donde lo público y lo privado se interconectan, causando un corto circuito en la violación que sufre, cumpliendo así la segunda característica para que se cumpla el mito o conflicto de Antígona, que es la irrupción en un momento histórico de lo público en el ámbito de lo privado. Por eso se tiene que ir de Cuba, por eso su padre, cuando está ya enfermo, deja la isla para intentar una última cura en Nueva York, por eso su espíritu no encuentra reposo, pues su cuerpo está enterrado en una tierra extranjera. De todo esto Pilar es la que sufrirá las consecuencias. Y tratará de encontrar su propia decisión.

A su regreso a Cuba, Lourdes se encuentra con el discurso político de la isla y recuerda cómo este discurso, esta nueva ley, abusó de ella. Su conflicto se traduce en una “contrarrevolución verbal”: “Every way Lourdes turns there is more destruction, more decay. Socialismo o muerte. The words pain her as if they were knitted into her skin with thick needles and yarn. She wants to change the ‘o’ to ‘e’´s on every billboard with a bucket of red paint. Socialismo es muerte…” (222) Durante el conflicto en la embajada de Perú, tiene la oportunidad de gritar “Asesino” al Líder, quien magnánimamente la ignora. Constantemente critica abiertamente al régimen, al ámbito público. Este acto es el que, de alguna manera, termina por resolver el conflicto que vive Pilar, quien desde los años, estuvo inconforme con irse de la isla. Baste recordar que la presentación de Pilar en el libro se da cuando ella toma la decisión de regresar a la isla por su cuenta, cuando contaba con trece años.

El problema con Pilar y Lourdes es, además del problema entre madre y adolescente, un conflicto entre ideas de lo público y lo privado, entre la asimilación y la tradición Durante toda la novela Pilar añora su paraíso perdido y mitifica a su abuela, con quien ha mantenido un lazo tanto físico como psicológico. El primer momento de decisión lo toma cuando ve a su padre besar a otra mujer: “That´s it. My mind´s made up. I´m going back to Cuba. I´m fed up with everything around here. I take all my Money out of the bank, $120, Money I earned slaving away at my mother´s bakery, and buy oen-way ticket to Miami.” (25) Sin embargo, nunca llega a la isla, y cuando lo hace, lo hace con su madre, quien regresa a la isla como una existosa mujer de empresa, asimilada en el ámbito de lo público. Pilar toma la decisión entre la casa y la ciudad cuando precisamente está en La Habana y empieza a soñar en español. “I´ve started dreaming in Spanish, which has never happened before. I wake up feeling different, like something inside me is changing, something chemical and irreversible.” (235) Aquí Pilar está encontrando un equilibrio y se reconoce, parece entender que el español será para siempre su casa privada. Está en el límite entre un lugar y el otro: “But sooner or later I´d have to return to New York. I know now it´s where I belong –not instead of here, but more tan here.” (236) Sin saberlo Pilar está resolviendo un conflicto que ninguna de las mujeres del libro supo responder. El “corte” por llamarlo de algún modo con la isla es cuando miente a la abuela acerca del destino de Iván. Allí Celia realmente empieza a morir, más bien, a dejar la vida. Pilar asume la culpa, en algo que Freud llamaría “culpa trágica” en El malestar en la cultura y que encaja perfectamente en la lectura de la novela desde el obra trágica de Sófocles.

Finalmente, el mismo estado de elección o decisión perpetua lo vive también la autora, que palabras más, palabras menos, siente en sí el conflicto de decidir su afiliación al ámbito de lo público y lo privado. En la entrevista que aparece al final de la novela, al preguntársele con qué personaje se identifica más, la respuesta encaja perfectamente a lo que proponemos en este ensayo. Cristina García dice sin pensarlo que Pilar es con quien más se identifica, y agrega “I probably thought of myself, first and foremost as a New Yorker –an urban kid with an affinity for many cultures yet beholden to none. It wasn´t until I started to write fiction that my private Cuban self merged with my public self. Now I feel that I live more on the hyphen than on either side of it.” (251) Las cursivas son mías, precisamente para resaltar esta carácter conflictivo que adquieren tanto las escritoras latinas como sus personajes. Nuevamente lo repito, el mito de Antígona es pertinente mientras haya una lucha entre el interés público y el interés privado: la respuesta que ofrecen estas autoras es estética.

Podríamos seguir con ejemplos de cómo en la novela el ámbito público, la asimilación, interfiere una y otra vez en el ámbito privado, que es la tradición. Pero hasta aquí vemos que en la novela se cumplen las dos características, por un lado, hay un momento histórico, que es la revolución cubana; ese conflicto irrumpe de forma violenta entre lo público y lo privado, los resultados ofrecen distintas perspectivas. Por un lado, esa interrupción de lo público en lo privado es lo que obliga a Lourdes a irse de la isla, sino que la fuerza a la asimilación de una cultura distinta. Por otro lado, Celia escoge, en el ámbito del “oikos”, acogerse a la ley de la autoridad. Cada una tiene una elección ante sí, como si se dividiera en puertas, como un laberinto. Steiner menciona que “The principal points are these: all conflict entails division and self-divison. Conflict and division are necessary attributes of the deployment of individual and public identity.” (25) Esto es justamente lo que encarna tanto Lourdes como Celia y que Pilar equilibra.

Caramelo

En Caramelo el conflicto se presentará de muy distinta manera que en Dreaming in Cuban. Mientras que la estructura narrativa de la escritora cubana se sostiene de forma más metafórica, Caramelo tendrá un entramado de historias que irán mezclándose como en reboso de la Abuela. Por eso, será más difícil discernir el conflicto de Antígona, que se presenta más en ciertos aspectos que en las acciones de los personajes. De cualquier manera hay ciertas temáticas, sobre todo de resistencia femenina que aparecen en la novela de Cisneros. Como antes lo mencionamos, las mujeres que están entre dos culturas parecen cargar con un doble peso: la integración a una nueva cultura y la resistencia a siglos de machismo. La figura de Antígona también responde a este “peso” pues como lo menciona Sara Iles Johnston, Antígona “has usually centered on the conflict between any of several interests that are understood to oppose one another: male authority and female autonomy; individual conscience and civic allegiance to the city-state; duty to one´s family and duty to one´s city state; obedience to the laws of the gods and obedience to the laws of mortals.” (179) Todos estos elementos los veremos en Caramelo en relación a las mujeres, sus familias y las diferencias entre los países vecinos.

El primer escenario donde se debate la cuestión y se centra el conflicto es el lenguaje, pero esta vez más directo y menos metafórico que en Dreaming… Por momentos recordamos el comentario de Richard Rodriguez con respecto al lenguaje público y el lenguaje privado, y es que para Lala, mientras se hagan cruces entre México y Estados Unidos, el lenguaje se desplazara una y otra vez entre el público y el privado. Sandra Cisneros establece perfectamente la diferencia entre estos dos lenguajes “I´m going to kill myself! Kill myself!!! Which sounds much more dramatic in Spanish. -¡Me mato! ¡¡¡Me maaaaaaaatooooo!!!” (11)  o en las observaciones de Lala al cruzar el puente fronterizo que divide a los dos países: “As son as we cross the bridge everything switches to another language. Toc, says the light in this country, at home it says click. Honk, say the cars at home, here thay say tán-tán-tán.” (17) En la frase subrayada encontramos la afiliación primera de Lala, misma que irá cambiando conforme avance la novela. En esta cita vemos como para ella su “oikos” es el inglés, mientras que “polis” es el español. Nuevamente hay que recordar que lo público y privado serán categorías que se desplazarán constantemente; para Lala, lo público será lo festivo mexicano, lo privado será las calles de Chicago. Habrá que hacer una distinción entre lo que el personaje Lala observa y la elección que hace la autora de “traducir” ciertas expresiones mexicanas al inglés. No cabe duda de la fidelidad a la tradición oral de la cultura mexicana que tiene Cisneros. Por este lado, el mito de Antígona no se cumpliría, pues estaríamos asistiendo a un mano a mano entre el inglés y el español. Es dentro de la novela donde los personajes se desenvuelven y se conflictúan con respecto a su identidad.

Si Antígona se trata también de la autonomía y resistencia femenina con respecto al hombre, Lala y su mamá cumplirán el mito que proponemos. La primera además de buscar, tal como lo hizo Pilar, un punto de equilibrio entre lo público y lo privado, tiene que vivir con las ideas retrógadas de los hombres en la novela; la segunda, su madre, también tiene que soportar el peso de la tradición machista. Uno de los primeros encuentros de Lala con el machismo recalcitrante será a través del señor Coochi. Durante la fiesta que la abuela malvada o terrible, como se quiera traducir, ofrece a su hijo por su cumpleaños, el señor Coochi “promete” a Lalita un sin fin de cosas, justo cuando la convence de que se vaya con él, éste dice: “Women! That´s how they all are. You just need to find their Price, Coochi says, strumming his guitar.” (52) También el cuerpo de la mujer sufre la visión machista, como bien lo ve Traci Roberts-Camps “Cisneros describes Lala, her grandmother, and the other women in Caramelo as they are seen from the perspective of the men in this novel –in terms of their usefulness.” (153) Pero esto no es más que una muestra del patriarcado falaz: en realidad es el hogar, la madre, es decir el matriarcado la que establece la autoridad y la ley privada.

El problema con Zoila, la madre de Lala, es central en la novela. Nacida en Estados Unidos, de familia mexicana, Zoila tiene que soportar una y otra vez la irrupción de lo privado que para ella representa su propia familia (Inocencio y sus hijos), con lo público, que representa su larga y ruidosa familia política (The awful grandmother y sus hermanos). El problema estalla en un viaje a Acapulco, justo cuando Zoila se entera de que Candelaria, la niña indígena hija de la mujer que lava en casa de la Abuela, es también hija de Inocencio, cosa que nosotros no sabemos hasta el final de la novela. Allí hay un enfrentamiento entre madre y nuera

-Do whatever the hell you want, I don´t care anymore, Mother says. – But I´m telling you, and I´m telling you, and I´m telling you only once. I´m not going anywhere again with that vieja!

– Nor I with… ésa. Never, never, never! Not even if God commanded it, the Grandmother says- Mijo, you´ll have to choose… Her… […] Or me. (86)

 

Tengo que decir algo, esta escena tan gráfica es muy cercana a aquellas que se ven en las telenovelas, donde la madre y la nuera se enfrascan en una lucha de intereses. Tal vez sea eso lo que tenga que reprocharle a la novela de Cisneros. Para alguien que ha vivido en México la novela cae por momentos en estereotipos. Para los intereses de este trabajo, vale decir que el conflicto en este sentido se cumple el desplazamiento entre lo público y lo privado. Narciso tendrá que vivir con la culpa trágica que significará abandonar a su mamá en Acapulco, situación tan improbable como imposible para la mente de un macho mexicano que tiene a su madre en un nicho cuasi divino.

Por último y para no extendernos demasiado en el trabajo, en Caramelo vemos también ese estado de suspensión que obliga a los personajes a elegir entre la “polis” y el “oikos”. Pero los desplazamientos no sólo se dan entre cruces fronterizos, sino que el conflicto también se da en el momento en que los hombres deciden actuar como Antígona y regresan al seno de la ley materna o ley tradicional. Lo vemos en Inocencio cuando Lala lo cuestiona “Home? Where´s that? North? South? Mexico? San Antonio? Chicago? Where, Father?” (381) Y la misma Lala lo descubre en su viaje a México, tal como lo hace Pilar en Cuba. En conflicto se encarna en la búsqueda de una respuesta a su identidad, el conflicto las hace cuestionarse entre la tradición y la asimilación. Tanto Pilar como Lala se eligen y en su elección se da un equilibrio que restablece de cierta manera el orden dentro de las dos novelas. Ambas deciden por si “oikos” particular, pero como lo menciona también Steiner en una cita más arriba, hay una colisión que hace que la identidad se divida y se subdivida entre lo público y lo privado. Lo vimos en Pilar cuando menciona que es de Nueva York un poco más que de Cuba, lo vemos en Lala cuando se acoge al lenguaje, se distancia de la comida que “pica” de la abuela y sobre todo, cuando en el centro de la Ciudad de México, descubre a través de la decepción amorosa que tiene que regresar al espacio de la familia. Como si estuviéramos escuchando a Antígona decir “ya no te queda sino mostrar si haces honor a tu linaje o si eres indigna de tus ilustres antepasados” Lala escucha en una ensoñación “Always remember, Lala, the family comes first –la familia. Your friends aren´t going to be there when you´re in trouble. Your friends don´t think of you first. Only your family is going tol ove you when you´re in trouble, mija. Who are you going to call?… La familia, Lala. Remember.” (392) Y así Lala regresa de su periplo, hace su elección y llama a casa.

A pesar que no hay un momento histórico preciso que marque la novela como en el caso anterior, sí hay una serie de momentos tanto de historia oficial como de historia de cultura popular. Las constantes referencias a artistas de la época, quienes evidentemente no forman parte del discurso histórico de una nación, hacen que la novela tenga una perspectiva fresca y positiva. Por esto lado, Cisneros acierta en rescatar estos momentos que son parte de una historia olvidada, detalles que fundan un espacio privado dentro de la gran “polis”. De este modo se cumple la primera característica; la segunda se cumple en que estos momentos de historia oficial, como la Revolución Mexicana inciden de forma constante en la vida de los protagonistas, como en el relato de Narciso y la Abuela. Las historias pequeñas también hacen que la vida pública y privada tenga sus cruces y sus conflictos. Tal vez no esté tan presente en esta novela, pero el mito de Antígona y la elección que de éste surge permea las páginas y la visión de Lala.

Las memorias

Richard Rodríguez asume la asimilación. En Hunger for memory nos da el recuento de la lucha interna que el tiene y que se ve reflejada en la palabra: el lenguaje público y el lenguaje privado. Si bien no vamos a trabajar con la obra de Rodríguez, ésta nos sirve para dar pie y hablar, aunque sea de modo tangencial, del recuento memorístico de Judith Ortiz Cofer y Esmeralda Santiago, ya que en sus libros, también dan cuenta del conflicto de Antígona. Hablaremos únicamente de un pasaje de cada novela donde se manifiesta precisamente en el lenguaje la forma en que estas autoras tienen el conflicto.

En When I was Puerto Rican, Esmeralda tiene que traducir a su madre en la oficina del welfare. Pronto, varias personas acuden a ella para pedirle ayuda. Esto la crea un conflicto muy fuerte, ya que se da cuenta de que no todos son puertorriqueños y hay algunas mujeres que quieren aprovecharse de la nueva “polis” de Santiago; ella dice “I didn´t know what to do. To tell the interviewer that I knew the woman was lying seemed worse than translating what the woman said as accurately as I could and letting the interviewer figure it out. But I worried that if people from other countries passed as Puerto Ricans in order to cheat the government, it reflected badly on us” (251) En este momento Santiago es tanto Ismene como Antígona, es decir, está en el vórtice del conflicto.

El mismo conflicto se presenta en Judith, sólo que de forma más exacerbada. Esta autora incluso hace una separación por completo de su madre, quien no se asimila nunca a su nuevo país y que incluso causa cierta pena a la autora. Ortiz Cofer comenta

My mother carried the island of Puerto Rico over her head like the mantilla she wore to church on Sunday. She was “doing time” in the U.S. She did not how long her sentence would last, or why she was being punished with exile, but she was only doing it for her children. She kept herself “pure” for her eventual return to the island by denying herself a social life (which would have connected her too much with the place); by never learning but the most basic survival English; and by her ability to create an environment in our home that was a comfort to her, but a shock to my senses, and I suppose, to my younger brother´s, both of us having to enter and exit this twilight zone of sights and smells that meant casa to her. (127)

La parte subrayada nos indica el espacio de conflicto, que en Ortiz Cofer se resuelve distanciándose de su madre. La elección de la puertoriqueña es integrarse a la “polis”, su nuevo “oikos”.

En estos dos recuentos memorísticos se hace otra separación, muy particular: los espacios físicos. Mientras Puerto Rico será una forma de paraíso perdido, donde las frutas literalmente se pueden tomar del árbol, donde hay selva, ríos, mar, Nueva York y lo “gringo” será la modernidad, los alimentos artificiales, la pérdida de la inocencia. Lo vemos en la sensualidad e incipiente erotismo que despliega Esmerlda Santiago, lo vemos en el distanciamiento de Judith Ortiz con respecto a su madre y las tradiciones que ella porta. Aunque tal vez no se cumpla el requisito del momento histórico, sí quise incluir dos momentos específicos en las memorias de estas autoras, ya que su recuento es también una respuesta estética a lo que Cristina García llama “hyphen”, Ortiz Cofer llama “twilight zone” y que hemos llamado la zona de la elección entre lo público y lo privado, como una forma de reinterpretación o relectura del mito de Antígona.

Conclusiones

¿Por qué Antígona? Tal vez porque haya sido la primera, tal vez por la radiación que transmite el texto y que nos es tan familiar, tal vez porque relata conflictos humanos que trascienden las fronteras, como lo vimos en la “Antígona africana”. Steiner propone cinco conflictos inherentes a la literatura: la confrontación el hombre versus la mujer; viejo contra joven; el individuo versus la comunidad o la sociedad; los vivos versus los muertos; de los hombres y mujeres contra el (los) dios (es). En la confrontación entre Creonte y Antígona estos cinco elementos se ponen todos en la mesa. Nosotros decimos que estos conflictos se desarrollan también en mayor o menor medida en la literatura de las mujeres latinas en Estados Unidos. Hemos visto por lo menos dos casos novelísticos así como dos recuentos autobiográficos. En todos los casos se presentan estos conflictos.

También hemos propuesto que estos conflictos se subliman de tal manera que la respuesta es una creación estética. El siglo XX ha sido el momento en que como nunca las diásporas se han disparado. Los desplazamientos físicos entre fronteras han abierto también una zona de desplazamientos en el interior de las personas que cruzan las fronteras en busca de una mejor vida. Las mujeres has sabido responder y proponer una solución, por lo menos un espejo donde las latinas puedan reflejarse y empezar a reconocer su nueva identidad y su nueva “polis”. Tenemos que aclarar que en ningún momento hemos hablado en detrimento de la elección que han tomado las autoras o protagonistas. Ya sea que decidan asimilarse a la sociedad o que deciden permanecer en el espacio privado del hogar, no podemos juzgar de ninguna manera la elección que las autoras y las protagonistas de sus historias hacen. Lo que nos toca hacer como estudiosos de la literatura es descubrir y acaso analizar los resortes que las han impulsado a verter estéticamente un discurso sumamente problemático.

De nuevo decimos, estas obras son un intento por resolver estéticamente el conflicto inherente en la mujer que busca una nueva identidad. Sentimos que el conflicto que sufre o experimenta Antígona y que provoca que toda una sociedad se cuestione, es el mismo que aparece cuando una escritora ha hecho una elección y “entierra” simbólicamente lo tradicional o lo moderno.  Que hayamos utilizado un mito occidental nos debe dar la certeza de que sólo enriquece y renueva tanto la emergente tradición y canon literario latino en Estados Unidos como la vieja y a veces gastada tradición literaria occidental.

Obras citadas.

Basalao, Nilda A. “El mito de Antigona” Feminismo/s 6 (2005) 17-31

Cisneros, Sandra. Caramelo. New York: Vintage, 2002.

García, Cristina. Dreaming in Cuban. New York: Ballantine Books, 1993.

Goff, Barbara. “Antigone´s boat: the colonial and postcolonial in Tegonni: an African Antigone by Femi Osofisan” Bayreuth African Studies (2006) 110-121.

Johnston, Sarah Iles. “Antigone´s other choice”. Helios: journal of the Classical Association of the Southwest 33 (2007) 179-186.

Santiago, Esmeralda. When I was Puerto Rican. Cambridge: Da Capo Press, 1993.

Steiner, George. Antigones: The Antigone myth in western literature, art, and thought. Oxford: Oxford University Press, 1984.

Ortiz Cofer, Judith. Silent dancing. A partial remembrance of a Puerto Rican childhood. Houston: Arte Público Press, 1991.

Robert-Camps, Traci. Gendered self-consciousness in Mexican and Chicana women writers. The female body as an instrument of political resistance. Lewiston: The Edwin Mellen Press, 2008.

Worthen, W.B. “Antigone´s bones”. The drama review 52

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