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Hace mucho que no posteaba algo. Esto lo escribí hace un par de años para una ponencia. Lo retomo ahora para mantener el blog activo y a mí cuerdo.

 

El infierno tan temido

En la cuentística de Onetti, ningún relato es tan desesperado, sórdido y conmovedor como “El infierno tan temido”. En éste, la malicia y la crueldad acontece entre Risso y Gracia, más bien, es esta última quien encarna un ensañamiento casi brutal. Leemos una problemática cuyo origen nos es vedado y que desata la sordidez y el odio aparentemente fortuito de Gracia hacia su ex marido. En el relato, que va de la novela corta al relato largo, también encontramos algunas características que se repiten a lo largo de la obra onettiena. Los problemas, provocaciones o características que nos plantea la escritura de Onetti en este relato son: el narrador, el enigma y el tiempo.

El narrador

El problema del narrador no sólo se encuentra en este cuento largo o novela breve. Es una problemática constante en la obra del escritor uruguayo. En esta ocasión, el narrador es testigo y participa de la colectividad cercana a Risso: “Cuando Risso se casó con Gracia César, nos unimos todos en el silencio, suprimimos las vaticinios pesimistas”. El narrador en primera persona aparece en estas tres oraciones y no volverá a aparecer como tal en todo el relato. Sin embargo hay ciertas peculiaridades en la voz narrativa: a diferencia de la novela policiaca, el narrador en las obras de Onetti no por ser testigo, deja de ser omnisciente. Narra los pensamientos de los personajes, sus posibles motivos, sus emociones. Coloca entre comillas hipotéticos monólogos internos, entre paréntesis alguna situación que pareciera ser exterior al relato, reproduce los diálogos entre los personajes. Tal vez este narrador-testigo-omnisciente sea un alter ego del propio escritor uruguayo, o una máscara. Habrá que preguntarse a qué distancia está Juan Carlos Onetti de su narrador.

La omnisciencia del narrador aparece cuando nos dice qué piensan los personajes. Estructuralmente lo vemos cuando el narrado decide entrecomillar el relato. Al ver la primera foto de Gracia, Risso se encuentra de frente con la mujer encargada de Sociales, allí piensa para sí “Es una mujer, también ella. Ahora le miro el pañuelo rojo en la garganta, las uñas violetas […] Todo va a ser más fácil si me convenzo de que también ella es una mujer.” La narración pasa del testigo a los pensamientos del protagonista, en una forma de omnisciencia que debe hacernos sospechar, ya que el protagonista pudo o no haber pensado esto.

Dentro del único paréntesis que aparece dentro del relato, leemos las primeras posibles causas por las que Gracia estaría mandando las cartas, una de ellas la más inquietante de todo el relato, que el motivo de las fotos sea, por debajo de toda ofensa, un mensaje de amor. Pero esto también es obra del narrador de Onetti, quien sólo presenta una serie de posibilidades, no para que juzgue el lector, sino porque de algún modo así es la vida y hay actos en el comportamiento humano que no tienen explicación.

El narrador que utiliza Onetti, ya sea alter ego o máscara de sí mismo, dota de significación poética a los actos más aberrantes. El lenguaje adquiere ritmos propios de la poesía, aparecen aliteraciones como “Sin excesos de esperanzas, trajinaba sudorosa por la siempre sórdida y calurosa habitación del hotel…” En otras ocasiones, las oraciones funcionan estructuralmente como metáforas eróticas “disponía las luces, preparaba la cámara y encendía al hombre”, o como metáforas de la soledad “imaginando actos de amor nunca vividos para ponerse en seguida a recordarlos con desesperada codicia.” Esta emotividad en el lenguaje impulsa abre la sensibilidad del lector y potencia la desgracia de Risso, es decir, nos hace sensibles a su dolor y nos fomenta la compasión por él.

El enigma

En su película “Los pájaros”, Alfred Hitchock suprime un dato esencial de la novela del mismo nombre: el motivo por el cual los pájaros deciden atacar. De esta manera acrecienta el suspenso y lo dota de terror psicológico, a saber, la producción de un hecho sórdido porque sí, sin causa aparente. En “La soga”, film del mismo director, dos amigos deciden matar a un tercero simplemente porque quieren demostrar que pueden hacerlo (Aquí el efecto del cadáver escondido en el centro de la pieza tiene una función parecida a la que Lacan en uno de sus seminarios da a la carta robada en el relato de Edgar Allan Poe y que Onetti también llega a usar en relatos como El Astillero). En “El infierno tan temido” Gracia oscila entre estos dos polos. Onetti es inteligente al poner en boca de su narrador una baraja de posibilidades lo suficientemente ambiguas como para no escoger ninguna. Una de las posibilidades de la actitud crapulosa de Gracia es simplemente porque puede hacerlo. Sin embargo, el verdadero motivo, por ser tantas las posibilidades, termina por diluirse y nunca llegamos a saber qué incitó realmente las acciones de Gracia.

Tal pareciera que una de las estrategias de Onetti es la elipsis en la narración. El narrador nos proporciona posibilidades, datos falsos o epifanías falaces, pero lo que deja fuera del relato es el motivo del comportamiento de Gracia y que lleva al suicidio a Risso. Alrededor de la motivación se despliegan las posibilidades: el amor, la edad, el trabajo de Gracia, la pérdida de su virginidad, la distancia; pero la motivación misma es lo que hace falta y lo que nos aterra como posibilidad, que alguien pueda llegar al ensañamiento sólo porque sí. Sólo al final, cuando Risso parece comprenderlo, se suicida y nosotros lectores, nos quedamos con una respuesta estética, el relato, más que con una solución al enigma.

Tiempo

En su magna obra Tiempo y narración, Paul Ricoeur menciona que “el tiempo se hace tiempo humano en cuanto se articula de modo narrativo; a su vez, la narración es significativa en la medida en que se describe los rasgos de la experiencia temporal.” Estos rasgos a los que hace mención el crítico francés, serán azares y circunstancias de la obra literaria. Así el narrador que escoge Onetti en “El infierno tan temido” recaptura el tiempo de la historia de Risso y Gracia para hacerlo humano y resignificarlo con las acciones de la obra.

Onetti parece tener presente la noción temporal y las aporías de San Agustín, en “El infierno tan temido” parece que el tiempo corresponde a un pasado-presente y a un presente-presente. El primero corresponde a la historia como tal de Risso y Gracia, que como descubrimos al final del cuento, ésta ya ha pasado hace algún tiempo y se trae al presente del lector a través del narrador testigo, es decir, el presente de los personajes que junto al lector leen y escuchan la historia. Hacia el final del relato se lee “lo que me estuvo mostrando media hora antes de hacerlo no fue otra cosa que el razonamiento y la actitud de un hombre estafado. Un hombre que había estado seguro y a salvo y ya no lo está, y no logra explicarse cómo pudo ser, qué error de cálculo produjo el desmoronamiento.” Este parece ser el punto de llegada del relato, aunque estructuralmente sea el final del mismo; aquí no hay revelaciones, ni moralejas posibles. Tal vez el misterio que quiere construir Onetti no sea el descubrimiento o la epifanía, tal vez sólo sea cómo recuperar mediada del tiempo a través de la narración.

En Gracia hay un flujo temporal distinto. Fuera de las fotografías parece que no existe, ni está en el tiempo. El tiempo sólo existe cuando ella aparece en las fotos, no cuando está con Risso o sus amantes ocasionales. Tal vez por eso el narrador relata que la noche en que Gracia confesó a Risso su infidelidad y éste le pide que repitan con exactitud los mismos gestos que tuvo ella con su amante, está fuera del tiempo. Dentro del flujo temporal de los demás, ella parecer estar en una posición donde debe ser mirada, dentro de una temporalidad distinta: afiches en la calle, las obras de teatro y, finalmente, las fotos. El de ella es el tiempo congelado por la cámara y su único escape pareciera ser el tiempo circular del teatro, aunque nunca se libre de la mirada del espectador. Las fotos son las que arrojan a Risso al tiempo de ella, a un flujo que no puede comprender. El lector mismo es arrojado a este tiempo, a un plano mágico: “Pero también rompió esta fotografía y supo que le sería imposible mirar otra y seguir viviendo. Pero en el plano mágico en que habían empezado a entenderse y a dialogar, Gracia estaba obligada a enterarse de que él iba a romper las fotos apenas llegaran, cada vez con menos curiosidad, con menor remordimiento.”

Conclusiones

Sólo hacía el final del relato, nos damos cuenta que lo que leemos no es más que el recuento de los hechos, una posible indagación de los actos de Gracia, tal como lo menciona Ricoeur, el tiempo se ha vuelto humano, demasiado humano parecería ser la aportación del escritor uruguayo. El cuento cierra con los comentarios de Lanza que clausuran la historia tanto como si fuera una anécdota de cantina, una sombría plática de sobremesa o una charla de café donde se trataran de encontrar los resortes más perversos del ser humano. El tiempo de la historia (o la experiencia a decir de Benjamin en Iluminaciones) ya pasó y lo que se hace es tratar de recuperar ese momento. No hay finales abiertos, pero tampoco epifanías. Y la única libertad posible parece ser la muerte: “Veía la muerte y la amistad con la muerte, el ensoberbecido desprecio por las reglas que todos los hombres habían consentido acatar, el auténtico asombro de la libertad.” Lo demás nos está vedado desde el principio y pertenece al tiempo “más natural” de los habitantes de Santa María.

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