Este pequeño relato deriva de cinco minutos de cabeceo cuando terminé de leer el último ensayo de “Siete noches” que habla precisamente de la ceguera. No fue un buen sueño evidentemente. Aquí lo pongo a ver qué opinan:

Sueño

Borges me visitaba para hablar de mi disertación. Yo era presentador de televisión en un programa cultural. Platicábamos, más bien, él hablaba con su agudísima voz y su acento argentino, yo tomaba algunas notas. De repente, no sé por qué razón, empecé a hacerle gestos, consciente de que él, completamente ciego, no los vería. Cada vez le hacía gestos más extraños y reidículos. Llegó el punto en que yo estaba más concentrado en qué cara iba a hacerle que en escucharlo. El público estaba quieto, algunos reían, otros movían la cabeza en gesto reprobatorio, pero nadie podía dejar de ver porque su morbo era demasiado. No me di cuenta en qué momento se quedó callado.

Muy serio me dijo: “Ese gesto que estás haciendo lo hizo Adán y lo va a hacer el último hombre sobre la Tierra” al mismo tiempo sacaba un puñal que traía en la bolsa de su saco y se aventaba hacia mi con los ojos bien abiertos. La audiencia corría y se atropellaba del miedo. Un grito de mujer me despertaba. Sumamente asustado y apenado, como si un débil fantasma del argentino estuviera allí a mi lado haciéndome sentir su admonición ciega, pensé que aquello que no escuché mientras me concentraba haciendo caras, era precisamente la forma de descifrar el enigma que Borges representa para mí y mi disertación. Allí estaba su venganza.

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