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Confieso que soy de los que gusta escuchar música cuando leo o trabajo. La música funciona como un puente que lentamente me separa del mundo y me conduce al libro, a las letras. Cuando dejo de leer y regreso lentamente a la realidad, la música me recibe y hace menos difícil el proceso. Empiezo a escuchar y de pronto me encuentro en trance, dispuesto a recibir lo que venga. No siempre lo hago, es verdad, también leo sin música o sólo escucho música sin leer.

Descubrí en mi trabajo que hay música para ciertos tipos de literatura o de autores. Para los capítulos iniciales de mi disertación fueron muy útiles por ejemplo Philip Glass, John Coltrane, Belle and Sebastian, The Beatles, entre otros. Rubén Darío me funcionó bien casi con todo, y eso se debe principalmente a lo musical de su obra.

Ahora, para el capítulo de Borges, me he topado con un problema: no encuentro la música que acompañe de buena forma mi lectura del escritor argentino. Una y otra vez fracaso en mi intento; simplemente no puedo leer a Borges con música. En vano he agotado mi biblioteca musical en busca de la solución de la interrogante que me plantea una lectura musical de Borges.

Conforme leo a Borges di, quizás, con la razón de esto: Borges no era muy aficionado a la música. De acuerdo a varios de sus biógrafos, entre ellos la muy cercana María Esther Vázquez, Borges siempre se quejó de su propia falta de interés o conocimiento en la música, sobre todo en su vejez.

Sin embargo, Borges no siempre es digno de confianza como narrador, como personaje o como escritor. Una de las metáforas más bellas que se han escrito sobre la música ha sido precisamente de él. En el último verso de “Otro poema de los dones” leemos: “Por la música, misteriosa forma del tiempo.” Quien tenga un poco de sentido musical o haya estudio lo más básico de la música sabrá que efectivamente, la música, además de notas y tonos, se compone de tiempos. Entonces, una forma de medir o hacer el tiempo es con música. Pero esta metáfora quiere decir en todo caso que la preocupación de Borges es el tiempo,  no la música.

Borges también escribió un libro entero de milongas, al que prefería sobre el tango, porque era la música de los barriales. Además, Borges fue un asiduo al cine mientras sus ojos se lo permitieron. El tiempo es a la música como la fotografía al cine, si se me permite la analogía. Y Borges tuvo una etapa de crítico de cine, y es un hecho que asistió, aunque muy joven, a funciones que todavía tenían música en vivo.

Pero las pruebas de su “poca musicalidad” están allí. Borges escribió muy poco sobre la música en sí. Por allí de repente una mención a Bach, muy bella por cierto, pero hasta allí. Tampoco abundan los estudios que exploren las relaciones entre el argentino y la música; hasta ahora me encuentro sólo con uno, publicado en 2011 en Argentina y escrito por Ana Lucía Brega y se llama precisamente Borges y la música, que por el momento no pienso consultar porque me alejaría del tema de mi disertación

No es que Borges no tenga ritmo, pues como versificador era de los mejores, pero su prosa fluye como río que no emite música. Tal vez si Borges hubiera sido más musical, sus poemas pasarían por ser menos cerebrales y sus prosas más “alegres”.

Esta es por supuesto una lectura personal, libre y lúdica de Borges. Pero creo que coincide mucho con la lectura de muchas personas: escritor cerebral, denso en algunos casos, de opiniones durísimas y conservadoras; como poeta, demasiado filosófico. Quizá por esto tampoco hay mucho erotismo en sus relatos. Hay historias de amor, pocas, y poemas de amor también, pocos igualmente, pero el erotismo escapa a los textos de Borges (con excepción de “Ulrika”), tal vez porque el mismo Borges escapa del erotismo. Para mí la música es erotismo, para Borges evidentemente no.

Sin embargo, eso no quiere decir que Borges no escuchara música. Asistía de vez en cuando a la ópera, se dice también que gustaba de la música de cámara (especialmente Brahms y Bach) y que gracias a María Kodama escuchó a grupos como The Beatles, Pink Floyd y los Rolling Stones. De hecho, una anécdota refiere a que Borges conoció a Mick Jagger y que le dijo “Usted es uno de los Rolling Stones”.

Pero bueno, lo que dijo Borges siempre tiene ese tono fantástico que roza ya con la mitología: no sabemos si lo dijo y si lo dijo, no sabemos si lo dijo en serio. Mientras tanto seguiré leyendo a Borges y también seguiré buscando alguna música propicia que me sumerja sin contratiempos (pero sí con riesgos, porque así debemos leer: arriesgando) a la lectura del escritor argentino.

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