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Habrá que ser realistas y decir que la poesía no transforma la realidad o hace de este un mundo mejor; no podemos decir que por sí sola sea capaz de acabar con guerras, transformar a las personas lo suficiente como para que observen en definitiva un mejor comportamiento. La poesía no hace ética o moralmente buenas a las personas per se. Lo que la poesía hace es permitir conocernos mejor a nosotros mismos.  

En algún trabajo de corte más académico sobre la estética de Heidegger escribí que la poesía es una espejo de palabras en el que nos reflejamos nosotros mismos; no como humanidad, sino de forma individual. El pensamiento estético de Heidegger que aparece en el libro traducido al español como “Poesía y Verdad” propone que el arte es lo único que puede revelar la verdad de las cosas. Así, el pensador alemán habla del cuadro de Van Gogh en el que aparecen los zapatos usados de un labrador. Los zapatos, tal como los pinta el holandés, están enunciando una verdad. Es decir, el objetivo real de los zapatos, su “ser” o está “siendo” representado en el cuadro. El único objetivo de los zapatos era ser usados y Van Gogh los pinta así, usados y por el uso moldeados a los pies del labrador. Allí hay una verdad, si preguntamos ¿qué “son” en realidad unos zapatos? La respuesta estaría en el cuadro de Van Gogh. Pero de la misma manera diríamos “¿Qué es un atardecer?”, “¿Por qué me gusta una canción?”, “¿Cómo es la mujer que amo?”. Si están representados en una forma artística, entonces a decir de Heidegger, allí hay una verdad.

Mi propuesta en el ensayo era que la lectura de poesía nos ofrece la posibilidad de vernos como en verdad somos. Pero me parece que decir que su lectura transforme al mundo es decir demasiado. La poesía, la literatura y el arte en general, tienen la capacidad de enfrentarnos a nosotros mismos; puede ser que en esa tensión interna con nosotros mismos surja algo que no nos guste o ponga de relieve aspectos de nosotros que habíamos pasado por alto. Ocurre a veces que nos despertamos de un sueño muy profundo y no sabemos dónde estamos; después nos damos cuenta: siempre estuvimos en casa. Ese es el efecto de la poesía.

Con lectura de un poema no quiero decir que sea un proceso automático, es decir, leo y me conozco inmediatamente. La lectura, como todo lo que vale la pena en la vida, es un proceso que exige más de nosotros mismos que la simple decodificación de los vocablos por los que pasan nuestros ojos. Sí: leer es saber qué dice un texto, pero no siempre lo que se dice es evidente, simple o llano. Leer es comprender, interrogar, cuestionar, dejarse cubrir de asombro, significar algo por un momento y luego olvidarse del significado para descubrir nuevamente otro.

Tal vez por eso guste más la poesía sencilla, que rime, porque nos enfrenta a una versión menos compleja de nosotros mismos. Esto no está mal, no es un error, cada quien tiene derecho de encontrarse en el poema que quiera y no es menos válido leer a Rubén Darío, Jaime Sabines, Juan Gelman, que a Gerardo Deniz, José Lezama Lima, David Huerta por mencionar algunos. Sin embrago, también creo que hay que atreverse a algo más.

Cuando alguien me dice que no entiende un poema, que es difícil, que no sabe “qué quiere decir o que significa” yo lo traduzco como “hay una parte de mí que no entiendo” o peor “hay una parte de mi que no sólo no entiendo, sino que no me gusta y no pretendo entender”. Una posible clave para leer (o “entender” si se quiere) un poema puede ser el ritmo, que es la estructura esencial del poema y que se encuentra en todas las expresiones tanto naturales como artificiales.

Todo el la vida tiene ritmo. El periplo de la Tierra alrededor del Sol es una forma de ritmo, el rompimiento de las olas también; dividir el futbol en dos tiempos es otra manera de ritmo; también el cine, el teatro, incluso al cocinar exige ritmar los movimientos. El silencio inmiscuido en el tiempo es también ritmo. La música clásica, pero también la electrónica tiene repetición de sonidos, o sea, ritmo. Porque el ritmo por más que se disfrace de tecnología sigue siendo el mismo: ancestral. Supongamos por ejemplo que llueve intensamente, y que escuchamos cuidadosamente cada uno de los sonidos que la lluvia produce en el asfalto, en los techos de los coches, en las hojas de los árboles, en el pasto, en la ventana de la casa. Por momentos suena caótico, pero no nos molesta y no sólo eso, somos capaces de encontrar un gusto en los diferentes sonidos dispares que escuchamos y sin saberlo, encontramos, a veces creado por nosotros mismos, una forma de cadencia.

Los poemas “difíciles” funcionan de manera semejante. Aunque “no rimen” también tienen ritmo. Nos exigen sí, pero cuando somos capaces de encontrar el ritmo de las palabras y nos dejamos llevar por el sentido de lo que dicen, encontramos verdaderas maravillas. Lo mejor, y parafraseando a Octavio Paz, es que descubrimos que las maravillas siempre estuvieron en nosotros mismos.

Aquí un breve ejemplo sin intención de hacer análisis. Este es un fragmento de “Antistrofa”, de Gerardo Deniz:

 

Como un vino feroz entre las cosas o un gran deseo de hembra,                                                                                                                                                                                                                                               como la luna sobre las islas que piensa el bonzo errante,                                                                                                                                                                                                                                                               por la tarde que guarda ánforas selladas el poema,                                                                                                                                                                                                                                                                          la niebla acecho entre los pinos,                                                                                                                                                                                                                                                                                                       qué inminencia del canto palpando su flagrante desnudez:                                                                                                                                                                                                                                                         cosas con lumbre, cosas con tetas, cosas cubiertas de liquen;                                                                                                                                                                                                                                            reconocer el relincho del caballo de Godiva, así el amante saliva del amante

 

Este es un ejemplo de poema “difícil” o “hermético”; develar algún sentido deberá ser tarea individual si queremos primero romper el paradigma de que la poesía necesita rimar, ser cursi, declamada o sólo para enamorados; y después, enfrentarnos a lo que descubramos de nosotros mismos.

Pareciera ser entonces una cuestión de opciones, aunque también de voluntades. Es necesario leer poesía entre otras cosas si queremos enfrentarnos a nosotros mismos, pero materialmente no es indispensable para vivir. También podemos pasarnos la vida sin leer un solo verso, pero eso sería como conocer sólo un aspecto de nosotros mismos y por lo tanto, de la realidad. Leer poesía nos hará mejores hombres y mujeres como individuos si somos capaces de ir más allá. Entonces probablemente uno por uno podríamos cambiar algo más que la realidad.

Si aguantaste estimado lector hasta este párrafo, mucho me gustaría que establezcas un debate, cuestiones lo que he escrito o contribuyas con algún comentario. Esto que he escrito es sólo una reflexión a todas luces incompleta o si se quiere breve sobre la poesía. La crítica es un ejercicio que todos deberíamos practicar. Si no lo sientes así, no hay problema, pero sí te invito a regresar a la poesía como un ejercicio de lectura que ayuda a reencontrarnos a nosotros mismos y acercarnos nuevamente a nuestro verdadero hogar.

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